¿Se me habrá curado el corazón? ¿Me estaré haciendo
mayor y se están dando de hostias mi inspiración y mi rutina? Me siento plena
en la vida y plana en la escritura, me vuelvo a creer lo de “donde duele
inspira” y flipo con las sonrisas que hemos pintado sin pintura.
Pienso en que he bailado al ritmo de no sé cuántas pulsaciones en todo este camino,
lo que es magia para alguien que para dar un paso se pide a sí misma como 300
motivos.
Me estoy dando cuenta de que no tengo
el alma partida, sino repartida entre los corazones que me ha lanzado el destino, a los cuales he ido
quitando piezas y piezas ellos me han cogido.
Así que tuve y tengo algo de todos y poco más de lo mío, e incluso hubo un
tiempo en el que dije “que no, que ya no río”. Ahora sé que no es cierto, que no es un buen plan,
que siempre hay donde mirar; y que la
poesía y lo de dentro están mucho mejor compartidos.
Os prometo, me prometo, que hoy me da
igual tener mucho o poco, o que duela más con el frío, que la suerte de poder
mirar esos ojos me es más que suficiente para llenar todo el vacío.
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