Renegando
hasta agotarme de quienes prometen utopías al personal. Y sin embargo,
visualizando otras, trazo a trazo, creando sola un boceto entorno a las
cuentas pendientes conmigo.
Renegando de
las utopías, así, porque no hay quien las toque. Pero esbozándolas porque
alientan.
Más allá de
lo meramente personal y ególatra, te digo, no, te grito que me dibujes una, que nos dibujes una. Que le
pongas rosas blancas y me añadas a mí también, que dejes espacio para lo más
bonito, sea lo que sea, sea cuando tenga que ser. Aunque mejor sin relojes, y
sin un calendario, porque tienen las hojas afiladas y no quiero que nos abran
las venas en canal para robarnos los días, como siempre. Dibújala o escríbela,
sólo hazla bien guapa, ponle primavera también.
Reniego por
esa absurda sensación de haber rozado alguna.
Reniego
porque ese espacio que te pido para lo más bonito, realmente es espacio para la
capacidad de traer el mejor boceto sólo con los brazos y una mueca de las divertidas.
Reniego porque eso es lo más
idílico que ocurre, y como todo, tiene un final.
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