¿Dónde está el límite de la fuerza de los sentimientos? En
matar y, por supuesto, en morir. No se me ocurre cómo puede serlo de poder
matar, porque me asusta. En cambio, el miedo a la muerte es menos cuando darías
la vida por quien te da vida cada día.
Es que añorar, joder, cómo explicas que las horas se te
escapan de las manos sin poder expresar de otro modo que no sea con palabras,
que darías todo por una mirada. No hay manera. Sólo damos patadas a los días,
pisamos el calendario, cogemos aire y asumimos lo que hay que asimilar,
asimilamos que nos cuesta sumir los besos y abrazos que no se dan, los ratos
muertos que podrían vivir, y que tampoco queda tanto por esperar.
Es una putada que ni el “te echo de menos” más sincero que
se haya dicho en la historia, sea suficiente para expresar que todos los días
morirías por recuperar cada hora perdida.
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