Es extraño eso de “asimilar” que algo va a ocurrir o, en el
peor de los casos, que haya ocurrido. ¿A qué os referís? ¿A darle muchas
vueltas hasta que te des cuenta de que has desperdiciado un montón de tiempo en
imaginar cómo va a ser el futuro? Y cabe recordar que es el mismo futuro que
puede variar por cualquier decisión tonta y, a la vez, por cualquier cosa de
esas que “hay que asimilar”.
Incluso se podría decir que lo que intentamos asimilar es el
futuro, y mientras lo hacemos éste se hace presente y luego pasado; y nosotros
en nuestras trece de asimilarlo cuando ya casi ni tiene importancia.
Entonces, para qué vale asimilar, si somos impredecibles, si
el mundo es impredecible. Para qué he pensado tanto en irme, si ahora estoy aquí
y la inseguridad es la misma por más vueltas que le haya dado; para qué he
pensado que tengo que ser fuerte, si eso es algo que llevo a fuego en la piel;
por qué tenemos miedo a lo nuevo aún conociendo la mierda que conocemos.
Lo que pasa es que va a ser que toda esa mierda tiene su
encanto, y que asimilar, asimilamos, pero cuando ponemos los pies en la tierra.
Y al fin y al cabo es topar con la realidad, nada que no hayamos hecho antes.
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