27.10.13

24.10

Lo primero que echamos de menos es el vacío que dejan las sensaciones, después, la procedencia de éstas.
Añoro sentir ese tacto especial en las yemas y entre mis dedos, darle vida, su olor, su sabor. Añoro volar, volar contigo y volar con ellos, que nos encontremos por los cielos de la confusión. Con mora o con cartón. El chispazo mental; como un chasquido en la sien que habla y dice “ahora sí”. Añoro las risas constantes, las que vienen de una simple mirada o las que son más elaboradas. La alegría de que haya buena cosecha y el humo que se la lleva. A izquierdas o a derechas. Añoro enganar, que me engañen, el fifty-fifty de buenas. Y perder la noción del tiempo, reír hasta no poder más, dormir en sus encantos, que me ayude a dejar de pensar.

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