Es cuestión de desatar el nudo de la garganta con cuidado,
sin derramar ni una gota por los ojos. Intentar dar pasos lentos pero firmes,
mirando atrás si es necesario, porque a veces lo es. Recordar que las sonrisas
tienen que durar como 80 días a unos dos mil kilómetros de distancia.
Es mentalizarse. Tener en cuenta los objetivos, porque
cuando son varios pueden liarla a escondidas. Saber que hay prioridades,
decirte que no quieres un futuro en el que vayas a ser una de esas personas que
busca una falsa felicidad a costa de la gente; sino que la búsqueda de la
felicidad no debería ser una búsqueda, porque una auténtica sonrisa no la
buscas, es espontánea, la regalas sin elección. Somos súper importantes, porque
ser todo lo feliz posible es lo que la mayoría quiere, y tenemos en las manos
hacer feliz a una mínima parte de la mayoría.
Y es esto lo que pasa: que con un nudo en la garganta medio
desatado, sin controlar muy bien los pasos que hay que dar, mirando atrás quizá más de lo que se debe y
sabiendo que hay meses y distancia de por medio, es difícil hacer feliz a
alguien.
Cada vez lloro menos, ando mejor, miro menos atrás y me paso
más por el forro el tiempo y la distancia. Es difícil hacer feliz a alguien en
la distancia, sí, pero las cosas siempre han cambiado al generalizar diciendo “alguien”
si ese alguien eres tú.
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