Cuando llega un día como hoy te das cuenta de que todo te
parece poco, de que aunque hubieran sido ochenta días no sería suficiente. Es
la sensación de poder haber gastado más el tiempo, la sensación de que faltan
risas, besos; de que los abrazos deberían durar al menos dos minutos. Es querer
volver sin ni siquiera haber salido del pueblo. Es el miedo a verme de nuevo cara
a cara con la distancia, el miedo a que me gane. Y saber que no me voy a sentir
tan bien, saber que parece que todo queda en standby cuando en realidad el
calendario nos la juega igual.
Luego estoy yo, sin él, sin ellas, sin vosotros, con una hora menos en el reloj.
Luego estoy yo, sin él, sin ellas, sin vosotros, con una hora menos en el reloj.
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