Cuando oyes a esa persona preguntar algo sobre un tema lo
suficientemente real y serio como para que nadie pueda dar una respuesta que no
sea un “c’est la vie”, en ese momento, te das cuenta de que no vas a preguntar
nunca más a dónde vamos cuando morimos, ni por qué estamos aquí; comienzas a ser consciente de que,
quien en un momento pudo responder a cualquiera de tus preguntas inocentes con
una respuesta inventada o no, se encuentra ante las mismas cuestiones que ahora
te haces, ante el mismo mundo injusto y mirando a un destino, cuanto menos,
incierto.
Entonces sabes que tú en algún momento, tendrás el mismo papel en la vida de alguien que aquella persona tuvo en la tuya.
No hay comentarios:
Publicar un comentario