12.6.15

Por nosotros.

Con un nudo en la garganta en vísperas de verano, lo único que entra es el humo de tu porro de hachís.

Sin nudo pero con el corazón cogío y una chusta entre los dedos, en la época que sea, lo único que entra es un suspiro, y lo que sale, lo único que sale, también. No uno, sino el suspiro pa’ que vuelvas, pa’ que vuelva; aquel que nos recuerde que estar físicamente no es suficiente si tienes la cabeza en cualquier otro lugar, en cualquier día del pasado, en cualquier defecto de los que intentamos reparar.

Sin nudo y con el corazón suelto, pero con el alma en carne viva, lo único que sale son párrafos que intentan solucionar lo que hace unos años, unos días o unos minutos destrozamos; párrafos desesperados por reconstruir, por que las ruinas sean palacios, por que el desequilibrio vuelva a ser encantador. Párrafos pa’ que vuelvas, pa’ que vuelva, pa’ que volvamos en nosotros mismos y el uno con el otro.

Con el cuerpo como sea, en una mala racha y, sin embargo, queriéndote a morir; algo de lo poco que entra, de lo que sale, de lo que puedo pedir o de lo que se me marca a fuego en la mente, es el querer abrazar la imperfección: la tuya, la mía, la de estos días de mierda. 


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