Con un nudo en la garganta en vísperas de verano, lo único
que entra es el humo de tu porro de hachís.
Sin nudo pero con el corazón cogío y una chusta entre los
dedos, en la época que sea, lo único que entra es un suspiro, y lo que sale, lo
único que sale, también. No uno, sino el suspiro pa’ que vuelvas, pa’ que
vuelva; aquel que nos recuerde que estar físicamente no es suficiente si tienes
la cabeza en cualquier otro lugar, en cualquier día del pasado, en cualquier
defecto de los que intentamos reparar.
Sin nudo y con el corazón suelto, pero con el alma en carne
viva, lo único que sale son párrafos que intentan solucionar lo que hace unos
años, unos días o unos minutos destrozamos; párrafos desesperados por
reconstruir, por que las ruinas sean palacios, por que el desequilibrio vuelva
a ser encantador. Párrafos pa’ que
vuelvas, pa’ que vuelva, pa’ que volvamos en nosotros mismos y el uno con el
otro.
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